Risas de arena
Por
la tarde, después de un arduo trabajo acarreando agua, Ali, Ako y Emir aunque
cansados, gustan de reunirse en un punto abandonado, donde no los molesten o
los manden a trabajar como de costumbre, allá en su lugar privado, un vehículo
abandonado es para ellos su lugar de refugio, quizá en otro sitio del mundo,
pudiera llamarse: la casa del árbol, en este lugar no, no hay árboles, no
existen unos padres que impidan a sus hijos trabajar y les ofrezcan todo tipo
de comodidades, por el contrario,
Ali
se dedica a trabajar en la mina donde su cultura cerrada a las razones, impide
las oportunidades a las mujeres y obliga a los varones de cualquier edad a
trabajar para conseguir el sustento familiar. Es el menor de éstos amigos y
tiene 8 años.
Ako de 12 años, tiene 7 hermanas y es el menor, no tiene opción, el colabora en
la mina con su padre desde los 4 años y trabajan desde temprano, tose
constantemente porque el sílice que suelta la mina de plata al trabajar las
betas, están consumiendo poco a poco sus pulmones.
Emir de 10 años vende agua, bolea zapatos, acarrea mandado y lo que haya que
consiga su madre. Sus 3 hermanos menores que él, por ahorita no lo ayudan
mucho, pero en cuanto crezcan un poco más, su destino está marcado. Su padre
los dejó hace poco y ha sido muy difícil para él llevar las pocas cosas de las
que se alimentan.
A
pesar de sus destinos, es el momento de reunirse, llaman también a Alejandro,
quien les lleva a veces, algo de alimento que sobra porque trabaja con un
cocinero, es al que más celebran a su llegada, detrás de la cotidianeidad, su
momento se transforma, su auto hecho chatarra al que llaman “el Ferrari”, en
sus mentes, reproducen lo que cada quien quiera ver, el modelo, color,
accesorios de piel, lo que ellos quieran tener, es el lugar de juegos, donde
imaginan a veces que aceleran tanto que salen volando y chocan cayendo
directamente al mar, entre empujones y jalones de pelo, crean las escenas, la
arena es el amplio mar, son vastos en ese momento, sus rostros se transforman
también, entre tanta carencia, existen sonrisas. Las armas que llegan a sus
manos, también son instrumento de juegos, ese día le tocó a Emir ser un
prisionero de guerra, y Ali, llevó un pedazo de carbón que aprovecharon para
pintarse la cara de negro en el juego de guerra de esa tarde.
Alejandro
fue el último en llegar, cargando unos botecitos de arroz chino con sus
respectivos palitos que sirven de cubierto, los amigos al verlo con sus
obsequios ¡corrieron para alcanzarlo! y en lo que éste se preparaba para
explicarles el uso de los palillos, apenas abriendo la boca para preparar la
clase, ello más alegres que en otras
ocasiones, ya tenían sus manitas dentro de los recipientes y sacaban el arroz
que en un santiamén se terminó, eso sí, usaron los palitos porque unos perros
se les acercaron queriendo compartir un poco el alimento y, sirvieron de
jabalinas para ahuyentarlos. Bueno, para el caso, el arroz cumplió su cometido,
¡ah! y los palitos también.
Ya
con las barrigas llenas, el mundo era otra cosa, los amigos se metieron al
Ferrari que ese día era rojo (ellos dijeron el color), el viaje imaginario del
momento inició acelerando poco a poco,
quisieron viajar a una isla, inventaron
que también podía tener unas turbinas y volar,
por eso del cuidado de las llantas y el gasto de las gasolinas.
-¡No
vueles tan rápido!- reclamó el pequeño Alí,
¡Estamos
perdiendo altura, y nos vienen disparando!- responde Ako, ¡tomen sus armas!
¡dispaaaaaaaareeeeeeen!
Emir
da las indicaciones de precaución: ¡prepárense para aterrizaje forzoso!
¡Caeremos con los tiburones¡
Alejandro
protesta: ¿Por qué con los tiburones? ¡yo no sé nadar!
Emir
lo consuela: Son tiburones buenos, no nos comerán, además tienen pies y no hay
mar.
El
juego continúa, los disparos continúan por un tiempo y los amigos acaban con el
enemigo.
El
tiempo de ese día se ha agotado, la realidad regresa, ellos tienen que volver a
sus casas para descansar, porque al día siguiente tienen una jornada ardua que
cumplir, no saben qué día se reunirán, pero éste, éste día ¡fue inigualable!.
Se
van corriendo porque no quieren que sus madres o hermanas los busquen y
profanen un lugar que para ellos significa mucho, poco a poco va creciendo en
su interior su amistad y camaradería. Son momentos que no tiene nada que ver
con el trabajo o los problemas familiares que cada uno tiene en casa.
Ellos
crearán más historias y se acompañarán hasta donde el destino de sus vidas les
permita compartirla.